I first met Rosalia a couple of years ago at an environmental demo in front of City Hall in Toronto. She and two other indigenous women from South American women were holding a Wipala, the flag I came to know as a symbol of the struggle in Bolivia. As I was speaking, I talked about the meaning of the Wipala . They were delighted that I knew what it was and came to talk to me afterwards. Later we worked together in the Toronto Bolivia Solidarity and always had warm sisterly relationship. Below very near her death, she is at a small rally to honour the Stolen Sisters, aboriginal women murdered and disappeared in Canada. She was an amazing activist in many ways. Most powerfully she always brought an indigenous feminist perspective to all our events, explaining the deeper meaning of whatever we were discussing. She fully participating in the struggles she found in her adopted country as well as organzing solidarity with the struggles in Latin America. She brought a wisdom and richness to our events that will be greatly missed. She was an extraordinary woman.

John Ridell and Suzanne Weiss, who worked very closely with Rosalia wrote the moving tribute to her that I reproduce below.
We have received the sad news that our dear friend Cecilia Rosalía Paiva passed away May 17, in the bosom of her family and homeland, in Arequipa, Peru, where she had just arrived for a family visit. Rosalía died peacefully from the cancer, from which she had suffered for many years.
Cecilia Rosalía was well known internationally and in Toronto as an exponent of the sovereignty and culture of indigenous peoples and a fighter for socialism, women’s emancipation, and human dignity everywhere.
Cecilia Rosalía was a co-founder and member of Toronto Bolivia Solidarity, a leader of the Pachamama Association, a leader of the federation of Indigenous nationalities of Peru (CONAIP), and a prominent participant in a wide range of indigenous political, cultural, and spiritual activities in Toronto and internationally.
Cecilia Rosalía was a proud daughter of the Quechua people, born in Arequipa on February 1, 1948. She graduated and was awarded a doctorate in social work in the University of Santa María of Arequipa. She became a regional head of social services for the Peruvian government, while assisting in many ways Peruvian movements for social change. Her progressive activities led to her arrest in 2001 and her exile from her country.
Cecilia Rosalía took refuge in Argentina, where she worked with indigenous movements of that country. She moved to Toronto in 2003. Her activities as a writer, poet, and lecturer took her to many indigenous communities in Canada as well as to South Africa and Bolivia. Her writings can be found on Internet sites as well as in two recent pamphlets of Toronto Bolivia Solidarity.
Cecilia Rosalía is survived by her loving husband, Luís Arturo Valencia Sanz of Toronto; by her three sons, Arturo, Luis, and José Maria, and her seven grandchildren in Peru; and by a broad community of compañeras and compañeros around the world.
Announcements of activities to honour the memory of Cecilia Rosalía Paiva will be passed on as it becomes available.
¡Cecilia Rosalía Paiva Presente!
Suzanne Weiss
John Riddell
Toronto Bolivia Solidarity
Mujer como ella ... ninguna
Nunca podré encontrar las palabras necesarias para definir a una gran mujer.
Su lucha incansable (hasta que el cuerpo se lo permitió), contra la injusticia y la defensa de los derechos humanos; su gran corazón, su gran cariño; su voz del que solo se escuchaba palabras de aliento y amor; esas cosas nunca las podré olvidar.
Ella era mi suegra, pero en realidad era como mi madre. Nunca olvidaré las grandes charlas telefónicas que teníamos; era como si la tuviera cerca de mi, a mi lado; como si nunca se hubiera ido. Siempre me llamaba cuando más necesitaba de ella; era como si tuviera un sexto sentido para ello. Con su sabiduría pudo orientarme en mi vida; como mujer proyectó mi futuro; como madre compartió su amor conmigo; para ambas la familia es lo primero y lo más importante.
Ella era mi “moterita” linda, así le decíamos de cariño. Su partida dejó en mi, un dolor que llevaré hasta el fin de mi existencia. Apenas la tuvimos unos pocos días de regreso y Dios se la llevó a su lado; no sin antes vernos por última vez y conocer a sus nietos; los cuales tuvieron la dicha de verla, abrazarla y besarla; hasta cantarle y recitarle poesías, como lo hicieron mis hijos (Angel, Gabriel y Rodrigo) y mis sobrinos (Sebastian, Rebeka y Leito y Jonathan).
Ella siempre estará en nuestros corazones, en nuestra mente y alma; vivirá en nosotros, estará presente en cada etapa de mi vida. Nunca dejaremos de recordarla, nunca permitiré que mis hijos la olviden; su amor y sus enseñanzas, dirigirán mi vida y la del resto de la familia. Gracias moterita por todo lo que nos dió, la amo.
Agradezco a Suzanne, Jhon y especialmente a Judy Rebick, por este homenaje a tan excelente mujer. El lado humanitario que ella tenía, está bien relatado en este blog, pues ustedes vieron de cerca su gran labor.
Gracias
Mujer como ella ... ninguna
Nunca podré encontrar las palabras necesarias para definir a una gran mujer.
Su lucha incansable (hasta que el cuerpo se lo permitió), contra la injusticia y la defensa de los derechos humanos; su gran corazón, su gran cariño; su voz del que solo se escuchaba palabras de aliento y amor; esas cosas nunca las podré olvidar.
Ella era mi suegra, pero en realidad era como mi madre. Nunca olvidaré las grandes charlas telefónicas que teníamos; era como si la tuviera cerca de mi, a mi lado; como si nunca se hubiera ido. Siempre me llamaba cuando más necesitaba de ella; era como si tuviera un sexto sentido para ello. Con su sabiduría pudo orientarme en mi vida; como mujer proyectó mi futuro; como madre compartió su amor conmigo; para ambas la familia es lo primero y lo más importante.
Ella era mi “moterita” linda, así le decíamos de cariño. Su partida dejó en mi, un dolor que llevaré hasta el fin de mi existencia. Apenas la tuvimos unos pocos días de regreso y Dios se la llevó a su lado; no sin antes vernos por última vez y conocer a sus nietos; los cuales tuvieron la dicha de verla, abrazarla y besarla; hasta cantarle y recitarle poesías, como lo hicieron mis hijos (Angel, Gabriel y Rodrigo) y mis sobrinos (Sebastian, Rebeka y Leito).
Ella siempre estará en nuestros corazones, en nuestra mente y alma; vivirá en nosotros, estará presente en cada etapa de mi vida. Nunca dejaremos de recordarla, nunca permitiré que mis hijos la olviden; su amor y sus enseñanzas, dirigirán mi vida y la del resto de la familia. Gracias moterita por todo lo que nos dió, la amo.
Agradezco a Suzanne, Jhon y especialmente a Judy Rebick, por este homenaje a tan excelente mujer. El lado humanitario que ella tenía, está bien relatado en este blog, pues ustedes vieron de cerca su gran labor.
Gracias
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